Si repasamos los intentos de reformas agrarias en Colombia, podemos ver que estas se han limitado casi con exclusividad a procurar una indebida y pírrica redistribución de tierras, que usualmente beneficia más a unos pocos oportunistas
que al mismo campesino. Con el presidente López Pumarejo se propuso la ley 200 de 1936, por la cual se estableció la reforma agraria que tenía como finalidad otorgar tierras a todos aquellos que cultivaban territorios que no les pertenecían y llevar a la práctica el principio de que la propiedad privada debe cumplir una función social.
que al mismo campesino. Con el presidente López Pumarejo se propuso la ley 200 de 1936, por la cual se estableció la reforma agraria que tenía como finalidad otorgar tierras a todos aquellos que cultivaban territorios que no les pertenecían y llevar a la práctica el principio de que la propiedad privada debe cumplir una función social.
Posteriormente, 25 años después en el marco de la “Alianza para el Progreso” estadounidense se creó en 1961 el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria INCORA, que tuvo como objetivo modernizar el campo presionando a los terratenientes a hacer mayor uso de sus tierras bajo la amenaza de la extinción de dominio. En 1971, como colofón a dicha reforma, los señores Francisco Mosquera y Carlos Naranjo, expresaban en una publicación que según estadísticas oficiales de la época, 1´350.000 familias campesinas poseían 6.300.000 hectáreas, mientras que 18.200 propietarios tenían 10,200.000 hectáreas, o sea que el 94.5% de los propietarios era dueño del 28.6% de la tierra y el apenas el 1.3% el 46.4% restante.
Con un acuerdo político entre los partidos tradicionales y los gremios de propietarios, que se llamó el “Pacto de Chicoral”, que puso fin a la incipiente reforma, y con la ley 4 de 1973, los gobiernos fomentaron la colonización como forma de acceder a la tierra.
En el año 2009 sale a flote todo el mal manejo de la política agraria liderada por el presidente Uribe denominada “Agro Ingreso Seguro”, que aunque no se trató propiamente de una nueva reforma agraria, estaba enfocado a favorecer la clase campesina.
En todos los casos anteriormente mencionados, nunca se ha pensando en mejorar objetivamente la calidad de vida de nuestros campesinos. Es el momento en que tanto el estado Colombiano, como la sociedad cambien la mentalidad de ver a estos como un cero a la izquierda. Urge entonces la necesidad de elaborar una propuesta de reforma social campesina, orientada a formular una solución integral, viable y sensata que se base en un enfoque sistémico a fin de integrar los aspectos básicos inherentes al desarrollo normal de un individuo para llevar una vida normal, con la cual se logre devolverle la dignidad al campesino Colombiano y darle el lugar que le corresponde dentro del aparato estatal y social que es, como elemento fundamental en el desarrollo nacional.
Aunque siempre la desigualdad social ha sido muy marcada en nuestro país, en el caso de estas comunidades, solo estando uno allí metido en medio de ellos, es que se da cuenta, que esa brecha es más profunda que lo que se percibe desde afuera. Dispongo de buena intención y mucha voluntad de ayuda por estas comunidades rurales, por lo cual busco ayuda o patrocinio para diseñar una verdadera reforma social campesina, que replantee y entierre de una vez por todas las famosas e insulsas reformas agrarias, donde se vaya más allá de la simple escrituración de la tierra a proveer entornos de vida dignos que alivien o apacigüen las condiciones casi infrahumanas en que viven la mayoría.
Son muy alarmantes las cifras registradas como consecuencia del desplazamiento de campesinos, ocasionado por el conflicto armado, pero en igual o mayor medida, debemos preocuparnos por el éxodo silencioso, ya no de las familias completas, sino de la juventud campesina hacia las ciudades, buscando oportunidades que su entrono rural no le brinda. Si el estado no reestructura socialmente la comunidad campesina, en pocos años no habrá quien siembre y por ende escasearán los alimentos para proveer a los millones de personas que cada vez más se hacinan en las metrópolis e irónicamente aumentarán los cordones de miseria en ellas, producto de estas migraciones.

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