PAROS AGRÍCOLAS O SUBSIDIOS

Las recientes e incomodas manifestaciones de los productores agrícolas en todo el país, en especial el paro cafetero, no es otra cosa que la real situación de nuestros campesinos.
Muchos países desarrollados, como los Estados Unidos y la Comunidad Europea, subsidian su producción agrícola porque han entendido que la producción de alimentos es un asunto estratégico y un tema de seguridad nacional, pues de llegar a enfrentarse con otros países, o sufrir algún tipo de bloqueo económico, no podrían garantizar la alimentación a sus habitantes y por lo tanto, tienen la obligación de garantizar su propia comida. Adicionalmente, estos subsidios constituyen un mecanismo de apalancamiento para mejorar la productividad y competitividad de sus agricultores.

Una forma de que el campesino sienta la presencia del estado en sus vidas es arreglando las vías terciarias, llevando más centros de salud a la ruralidad, mejor educación, subsidiar las comunicaciones de estas gentes (Internet, TV, teléfono, etc), darles algo de entretenimiento familiar, facilitarles algo de transporte rural y por supuesto apoyar su esfuerzo para cultivar la tierra y garantizarles un precio  justo a la hora de vender sus cosechas. Allí empieza la verdadera paz y la cura para que este creciente mecanismo de presión, que paulatinamente se fue forjando como la herramienta predilecta de muchos gremios para exigir sus derechos, deje de ser, lo que al parecer se convirtió en una cultura popular de nefastas consecuencias.

Cualquiera que hable y escuche atentamente a un campesino, entenderá que ellos no tienen acceso a capital de trabajo y mucho menos a capital de inversión.  No hay una banca de desarrollo que les financie con amplitud, y en condiciones adecuadas todo lo que se requiere en el campo para incorporar maquinaria, equipos de riego, semilla, tecnología, invernaderos, abonos, etc., y cada día los insumos agropecuarios se hacen más costosos alejando las posibilidades de nuestros agricultores de tener una buena cosecha.
En Colombia  por el contrario,  hay que esperar tiempos de  verdadera crisis de los agricultores, para que estos, se levanten en paro, taponen carreteras y alcen su voz de protesta, no solo porque no existan subsidios, sino por la absoluta indiferencia con la que los mira el gobierno de turno. Hay que vivir en el campo para ver de primera mano lo que es verdaderamente la vida de un campesino y su familia. 
Estos verdaderos héroes, con ingentes esfuerzos logran sembrar una arroba de habichuela, arveja o frijol, una fanegada de tomate de árbol o cualquier otro producto, con la firme esperanza,  primero que el cultivo se dé bien; es decir, rezan para que no se presente un veranillo, una época de fuertes lluvias, una plaga o simplemente, conseguir el dinero para abonar su parcela. Segundo,  una realidad aún peor, oran para que cuando saquen su cosecha al pueblo, cojan un buen precio. Este último aspecto es  vergonzoso, constituye una afrenta directa contra el valor del trabajo de esa persona y la subsistencia de su familia. No hay derecho a que el día que lleva su fruto a la venta, alguien allá en la galería o en la plaza de mercado, usualmente un oportunista intermediario desconsiderado, le ponga precio al trabajo honesto y dedicado de muchos meses de esfuerzo y dedicación.

No se trata de que el gobierno regale o reparta dádivas así porque así. Se trata de que el gobierno lo entienda como una estrategia nacional, que no solo vele por una buena y sana alimentación de su pueblo, sino también porque estos fenómenos de las protestas no sigan creciendo como un cáncer silencioso. Para nadie es un misterio comprender, que el día que los campesinos del país se organicen (como algunos gremios), pueden paralizar el país, y literalmente, poner a aguantar hambre a todo el mundo.

La noble intención de gobernantes neoliberales y el afán por firmar tratados de libre comercio (TLC)  a diestra y siniestra, sugieren que los campesinos deban sustituir la producción orientada a la seguridad alimentaria local, por una producción para la exportación, como si esto fuera tan fácil. Esta política debe ser revisada con lupa y con un sano criterio, pues si no se atienden las necesidades primarias de nuestra ruralidad en lo básico, como pretende el gobierno cumplir con cuotas de exportación en los innumerables TLC ya firmados? La realidad es que así como la apertura económica del ex presidente Gaviria acabó y lesionó parcialmente nuestra producción nacional, veremos que en menos de 5 años, Colombia estará importando un alto porcentaje de alimentos agrícolas, como se hace hoy en día con el arroz, la carne, el pollo, algunas frutas y tristemente con el café. Amanecerá y veremos, espero estar equivocado.


Comentarios

Alfonso Botero Guzman ha dicho que…
Mas paros o mayor atención al campesinado Colombiano...