EL ETERNO VAIVEN DEL PRECIO CAFETERO

Ya que me considero un pequeño caficultor en el región del Sumapaz, pongo de manifiesto mi inconformidad con actual la política cafetera nacional, que para la gran mayoría de campesinos caficultores de este país es prácticamente
inentendible.
Así que procuraré no entrar en detalles de lo que la federa-ción nacional de cafeteros (FNC) ha hecho durante su larga existencia, ni mucho menos voy a listar aquí los éxitos o fracasos de sus dirigentes de turno. Es cierto que hubo épocas donde el café llegó a superar los cuatro dólares por libra hace más de 30 años, si mal no recuerdo fue durante la llamada bonanza cafetera que coincidió con la administración Turbay Ayala. Por desgracia, esta semana, el precio de la carga de 125 kg es de $470.000, el más bajo de los últimos 5 años.

Estoy seguro que si los cafeteros colombianos no se hubieran reunido y articulado para protestar con vehemencia en la pasada crisis, no hubiese pasado nada y tanto el gobierno como los dirigentes de la federación, seguirían hablando babosadas respecto al futuro del grano. No obstante, se llegaron a algunos acuerdos para superar el trance, las medidas para minimizar el alto impacto negativo en la economía de las casi 560.000 familias que viven del café, fueron muy tenues, comparadas con la realidad

No logro entender como la misma FNC, a través de sus comités municipales y departamentales, desarrollen grandes campañas para convencer y animar a aquellos, que como yo, nunca tuvimos una mata de café, y de manera colateral incidan en sus costumbres ancestrales de cultivar mora, habichuela, arveja, frijol, uchuva, tomate de árbol y demás productos propios de la región, para que un par de años después, prácticamente tengan a esas comunidades campesinas viviendo de la caridad. La verdad es que con esos cultivos de pancoger se sostenía la familia, así fuera de una manera austera y precaria, pero se lograba subsistir. Hoy en día es prácticamente imposible vivir del café, ni siquiera se puede pagar un jornal de $25.000 para su recolección, pues eso equivale a recoger en promedio 2,5 arrobas de grano maduro, que una vez beneficiado y secado se convierte aproximadamente en 7 kg de café seco, que al precio de hoy representan $26.320. En otras palabras, sacando lo del jornal quedan netos $1.320 para comprar abonos, insecticidas y demás insumos, y de lo que sobre, hay que mercar y darle estudio a los hijos. Lo anterior significa que un agricultor cafetero promedio de esta región, obtiene aproximadamente $39.600 mensuales de su parcela cafetera, lo que quiere decir que recibe mensualmente lo correspondiente a un 7% del salario mínimo sin prestaciones sociales.

Entre otras medidas de apoyo, el gobierno decidió ampliar las líneas de crédito agrario para comprar abonos, a una tasa relativamente baja de intereses y un periodo de 2 años con cuatro pagos semestrales.
Personalmente me vi abocado a la necesidad de hacerlo y me llevé tremenda sorpresa cuando inicié los trámites para un préstamo de $2´000.000. Después de cumplir con el papeleo respectivo, me exigieron conseguir $100.000 para abrir una cuenta de ahorros, y me explicaron que debía obligatoriamente sacar una tarjeta debito con la cuenta, la cual paga una cuota de administración de $8.500 mensuales y paralelamente, adquirir un seguro obligatorio por invalidez y/o muerte de $9.500 mensuales. Esto suma $18.000 mensuales que a la vuelta de 24 meses representan $432.000; En otras palabras, los 2 millones solicitados que “generosamente” presta el gobierno, se convierten en la practica en $1´568.000 como por arte de magia, sin contar los intereses a pagar. Ni siquiera sabemos si el café va a repuntar en los mercados internacionales o si lo van a seguir importando de Ecuador u otros países.

Me parece justo un pronunciamiento de quienes nos representan en las respectivas juntas directivas de los diferentes comités de cafeteros municipales, para escuchar sus opiniones, propuestas, soluciones o sugerencias. Asi unos pocos se tomaron la vocería de los cultivadores colombianos, es necesario que cada municipio se manifieste para saber qué hacer.

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