En este país donde todo se
vale, hasta el voto se volvió negociable. Ya desde hace muchos años, algunos
politiqueros inescrupulosos lo convirtieron en un “material de cambalache”.
Por
eso no nos sorprenden las noticias diarias sobre fraude electoral, trasteo de
votos, inscripciones de cédulas de militares, compra de votos, e incluso de
las personas fallecidas que
milagrosamente salen a votar el día de los comicios.
Todo se vale a la hora de
sumar votos.
Bien lo expresó el
compositor y dramaturgo Argentino, Enrique Santos Discepolo, cuando en 1934
escribió y grabó quizás uno de los tangos más famosos del mundo, no sólo por el
ritmo musical que le imprimió, sino por la forma de radiografiar el
comportamiento humano de su época y dejarlo grabado, casi como una profecía
para el mundo venidero. Lo peor, es que no estaba equivocado. Ese disco,
conocido como “Cambalache” expresaba para su momento un sentimiento de
impotencia por la degradación social que se vivía en el mundo, y que
tristemente después de 80 años de haber sonado por primera vez, sigue tan
vigente como en aquel entonces: ¡Escúchelo! o mejor, lea con atención algunas
de sus afirmaciones:
“Que
el mundo fue y será una porquería ya lo sé...
¡En
el quinientos seis y en el dos mil también!.
iSi
uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, ¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos, caradura o polizón!...
¡Qué
falta de respeto, qué atropello a la razón!
¡Cualquiera
es un señor!
¡Cualquiera
es un ladrón
¡Siglo
veinte, cambalache problemático y febril!...
Es
lo mismo el que labora noche y día como un buey, que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley...
Probablemente solo le faltó
mencionar o incluir las triquiñuelas políticas que se hacen en nombre de la
democracia. Pero no importa, en ese juego de palabras cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón.
Amigo o amiga, bien sea que
se identifique como campesino, estudiante, ama de casa, enfermero, empleado,
técnico o tenga cualquier otra profesión, entienda que somos quienes elegimos
los que siempre terminamos pagando los platos rotos. A los partidos políticos
solo les interesa ganar curules para repartirse el botín, y en ese afán, poco o
nada les importa quienes lleguen a él, siempre y cuando les corresponda su
buena tajada, pues parafraseando el tango:
¡Hoy
resulta que es lo mismo ser derecho que traidor!...
¡Ignorante,
sabio o chorro, generoso o estafador!
¡Todo
es igual! ¡Nada es mejor!
Por favor no regale su voto,
si va a votar hágalo sin aceptar presiones, con conciencia ciudadana, bajo
ninguna circunstancia empeñe su voto, no lo cambie por un machete, una olla,
unas botas de caucho, una boleta de fútbol, veinte mil pesos o una falsa promesa
preelectoral, y ni siquiera por un puesto de trabajo; no siga dándole la razón
al compositor del tango, porque en la medida que usted participe de toda esta
farsa, el único que pierde es el país, ese país inmoral que con su voto está
ayudando a construir. Pregúntese que país quiere dejarle por herencia a sus
hijos.
Hastiado de tanto engaño,
quiero promover el voto en blanco y unirme al grito de muchos otros
Colombianos, que como yo estamos cansados de la mentira y el engaño surgido de
una clase política mentirosa y turbia, impregnada de componendas que solo los
favorecen a ellos y van en contra de los intereses del pueblo. Tenga en cuenta
que el voto en blanco SI VALE y mucho. Es un voto simple, puro y tan limpio
como su contenido (blanco), sin intereses particulares y sin mezquindad. Es un
voto que al depositarlo, les está diciendo a todos los candidatos inscritos que
no queremos más de lo mismo; es un voto blanqueador, tal como el clorox o el
blancox de las propagandas, cuyo único efecto es desinfectar esos espacios que
solo deberían ocupar personas comprometidas, serias, con dolor de patria,
limpias y sin mancha.

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