Esta
noticia debería alegrarnos tanto, como la idea misma de que la mayoría de los
políticos parapetados en los cargos públicos y elegidos por el pueblo, van a
ser cambiados, bien sea, porque no cumplieron sus programas, por ineptos o por corruptos.
Sin embargo, seguimos incautamente acudiendo como robots a las urnas, una y otra vez, con la misma ilusión de tener un nuevo gobernante que traiga un verdadero cambio. Esperanza que nunca ha llegado, y déjeme decirle: ¡nunca llegará!
Sin embargo, seguimos incautamente acudiendo como robots a las urnas, una y otra vez, con la misma ilusión de tener un nuevo gobernante que traiga un verdadero cambio. Esperanza que nunca ha llegado, y déjeme decirle: ¡nunca llegará!
Usted,
yo y en general toda la comunidad, es traicionada reiteradamente en cada
contienda electoral. Y
sabe por qué?
Porque
esperamos que alguno de los aspirantes, bien sea nuevo en el cargo o reelegido,
traiga un cambio significativo a nuestra comunidad y por ende a nuestras vidas.
Cuando la única y verdadera razón es que el cambio lo debemos dar nosotros
mismos.
Las
elecciones son como un “juego de pirinola”
con tantos colores y nombres inscritos en sus caras, como candidatos hayan,
pero la pirinola es la misma. Siempre girará hasta parar y no importa de qué
cara caiga, gane quien gane, lo que viene allí, es más de lo mismo. La
diferencia es que escogemos el color que queremos y con eso se crea la ilusión
de cambio. Pero la verdad simple y escueta, es que el municipio, el
departamento y esta nación siguen igual o peor.
Cuando
entenderemos que los políticos hace rato dejaron de trabajar por o para nosotros
sus electores? Ellos trabajan para aquellos que los llevan al poder, les
facilitan la maquinaria y/o les financian sus campañas. Eso sí, acompañados de
una minoría politiquera que se cree poderosa en su vereda, barrio o ciudad, por
el simple hecho de ser amigo de algún personaje con reconocimiento político en
la región. Esas son razones suficientes para emprender campañas electorales en
sus pequeños círculos de amistad y proyectar la imagen errada de alguien que no
va a cumplir con las expectativas de los demás. Y lo peor, es que no les
importa, pues su intención no es desinteresada; al contrario, muy probablemente
se han comprometido con algún candidato a cambio de algo, que en todo caso, lo beneficie
a él. Cualquiera sea la razón, allá les llevará el personaje de su conveniencia
a que les eche un discurso con las mismas promesas
fotocopiadas de la última contienda.
Nuestros
municipios, departamentos y este país necesita líderes, no políticos. Líderes
que enseñen, lideres que con su ejemplo jalonen la región, transmitan el valor
de la honradez y fortalezcan los principios de justicia social. Por supuesto,
que demuestren que trabajar bajo esas premisas no solo los honra a ellos, sino
que beneficia a toda la comunidad.
Por
eso insisto que el verdadero cambio lo debemos dar nosotros los electores, el
pueblo en general. Es muy triste decirlo y tener que reconocerlo, pero en este
mundo de “seguidores” nos hemos olvidado de guiarnos a nosotros mismos. El
cambio está en usted amigo elector, no el candidato X o
Y.
Como
la experiencia me dice que lo más probable es que las cosas sigan iguales, me
permito respetuosamente invitar a quien gane las elecciones en su respectivo
municipio o gobernación, para que en el momento de desempeñar su cargo, no parcialice
sus decisiones e intervenciones por motivos de amistad o afinidad política, eso
va en contravía de todos aquellos quienes dieron su voto de confianza por
usted. No se le olvide que en el “juego
de la pirinola” es toda la comunidad la que apuesta y siempre esperamos que
caiga un “TODOS GANAN”.

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