CON O SIN FARC, LA CAUSA PERSISTIRÁ

Todos sin excepción celebraremos vivir algún día en una verdadera paz, así que acabar el conflicto armado con las FARC a través del acuerdo negociado en la Habana para
que estos dejen las armas, el secuestro, los magnicidios, los vejámenes contra la población civil, la insubordinación institucional y se reintegren a la vida civil y política del país, suena muy alentador. Pero también es una realidad que todo el esfuerzo anterior (bien o mal negociado por el gobierno), no implica necesariamente que en adelante vayamos a vivir en paz.

La señora “Colombia de corrupción” como tristemente la llamo, tiene un mal que la carcome de adentro hacia afuera sin consideración. Y es el apellido de casada el que la tiene jodida por un cáncer que hace rato hizo metástasis en sus diferentes órganos y que como es característico de esta enfermedad avanzó rápidamente. Así que hoy tenemos un órgano legislativo con la mayoría de sus células completamente invadidas por la enfermedad, la cual se sigue expandiendo cual cucharada de mermelada en galleta. Y ni hablar de los órganos ejecutivo y  judicial con todos sus sistemas óseos y musculares completamente invadidos por su nefasta acción, pues todo lo que van tocando lo van contaminando y corrompiendo.

Según el Secretario de Transparencia de la Presidencia de la República, que para fines prácticos de esta analogía, corresponde al oncólogo de cabecera, Carlos Fernando Galán, la percepción de la corrupción en el Congreso, es de las más altas a nivel internacional, inclusive dentro de Latinoamérica. De acuerdo con ese dramático parte médico, aunque no sorpresivo, el pueblo colombiano debería aprender más sobre el comportamiento de esta enfermedad que se encarnó hace muchos años en el seno de su sociedad, pero especialmente en el sector público. Esa corrupción trajo, trae y traerá como consecuencia injusticia social, desigualdad y marginación de grandes sectores populares, lo cual a su vez es el caldo de cultivo para que aparezcan grupos guerrilleros y demás fenómenos sociales circunscritos a su actividad.


Independientemente de los acuerdos firmados con las FARC, vivir en paz en nuestro país no va ser una realidad hasta tanto no se acabe el mal que la perturba. Para lo cual, atacar directamente y sin consideración el cáncer de la corrupción es la UNICA vía para devolverle la ilusión a un país que mira impávido como sus políticos, jueces, autoridades y contratistas privados se lo reparten inescrupulosamente, mientras hipnotizan al pueblo con partidos de fútbol, vueltas ciclísticas, olimpiadas, telenovelas, peleas, reinados de belleza, fiestas populares o cualquier otra pendejada que los pueda entretener y los haga sentir como lo que somos: El país más feliz del mundo.

Comentarios