EL UNICO CAMINO CLARO A LA PAZ

Por muchas propagandas radiales, televisivas o impresas que nos hablen de “prosperidad para todos”, durante los 365 días del año, seguimos siendo uno de los países más corruptos del mundo.

Así que la pregunta que cabe hacernos es: Será que si somos un país que está prosperando en medio de tanta corrupción? El maestro Confucio llegó a afirmar que no se puede hablar de prosperidad si existe corrupción.

Las sociedades de todo el mundo, en especial los gobernantes, siguen sin entender el mensaje que este ilustre filósofo nos dejara hace más de 25 siglos y siguen actuando descaradamente incrementando día a día la injusticia social. Manifestaba reiteradamente el maestro Kung Fu Tzu, que la educación que debía ofrecerse a la población, debería ser enfocada y orientada a fortalecer las virtudes de las personas, que todo lo que necesitaba una sociedad para vivir en armonía era  precisamente cultivar las virtudes de las personas; es decir, inculcarle al individuo desde su casa y posteriormente desde la escuela, una educación dirigida al bien; es decir, inculcar desde las aulas no hacer el mal, poner las capacidades del individuo al servicio de los demás, aprender a no robar, no juzgar, no mentir, ser bondadoso, etc.

Firmar el tan anhelado acuerdo de paz es indudable y definitivamente un gran regocijo para todos nosotros. No obstante, el finalizar esa cincuentenaria guerra intestina e inútil, no nos garantiza que podamos seguir viviendo en paz, pues el verdadero mal que generó el conflicto y que genera muchas otras manifestaciones violentas de inconformismo seguirá creciendo. Si señores, el cáncer de la corrupción es el verdadero culpable de nuestros males. Basta leer las noticias de esta semana respecto a lo que le cuesta al país ese lastre que nos hunde a las mayorías y deja a flote una minoría oligarca y una clase política mentirosa y torcida, que para acabarla de embarrar y pagar los favores recibidos, apoyarán una nueva reforma tributaria. Obviamente unos legisladores que han sido untados por la misma mermelada que el ahora nobel de paz, les repartió sin misericordia por su pueblo, a fin de conseguir sus propias metas.


Que tremenda paradoja le generaría esta situación al maestro Confucio. Estoy seguro que él no estaba equivocado, y a decir verdad el único camino claro que le queda a las sociedades actuales es cultivar las virtudes de las personas desde la casa y la escuela. Ojala esto hiciera eco en las nuevas generaciones de políticos y en los futuros guerrilleros que espero pronto cambien el camuflado por la corbata, y ahí si podamos construir una verdadera paz a partir de la educación y los valores.

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