REBAJA DE PENAS, PREMIO AL VIOLENTO, AL LADRÓN Y AL CORRUPTO

Hace pocos meses escuché la noticia de que un joven del departamento de Bolívar, menor de 18 años, hurtó algunas aves de corral, y fue condenado a pagar 18 meses de cárcel por robar varias gallinas
mientras tanto, al contratista Julio Gómez, figura protagónica junto con los primos Nule y los hermanos Moreno, están privados de la libertad en condiciones muy diferentes.  Los empresarios Nule (de los que se rumora, pronto les darán casa por cárcel) y que ya fueron condenados a siete años y medio de cárcel, por el delito de peculado, pese a que según las investigaciones defraudaron al estado en, por lo menos, 66 mil millones de pesos.

La pregunta que nos hacemos los ciudadanos de a pie, cada vez que vemos estos descalabros financieros contra el patrimonio estatal, nos hace preguntar qué tan justo es el sistema judicial colombiano, pues estas penas de 66 meses a los señores Nule y los 60 meses del señor Gómez, comparada con los 18 meses del muchacho de la población de Achí, en Bolívar  luce proporcional y matemáticamente desmedida. En el supuesto que las gallinas tuviesen un valor de 100000 pesos, los Nule y sus secuaces, deberían pagar unos 32548 meses de prisión y no solo 90 como efectivamente se les condenó en primera instancia.

No se trata de volver a la “LEY DEL TALION” practicada por el imperio Romano, quien a su vez se basó en el más antiguo conjunto de leyes escritas conocidas como el "Código de Hammurabi", quien fuese el sexto rey de Babilonia durante el Primer imperio Babilónico, que reinó desde el año 1792 al año 1750 a.C., según la cronología del Antiguo Oriente. Este código, estableció por escrito 282 conceptos que hacían una ley sensiblemente dura. Entre otras cosas determinaba con claridad que: "si un hombre le quita un diente a otro (en una pelea), la pena será que se le quite al atacante el mismo diente".  En el Antiguo Testamento puede leerse que el que llevara a cabo un delito "pagará vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida y contusión por contusión". Sólo si la víctima lo pedía, se anulaba la pena cambiándola por una suma de dinero que el perjudicado fijaría. De lo contrario, se cumplía al pie de la letra y sin apelación posible. Siglos después, el mismo concepto, prácticamente con las mismas palabras, sería incorporado por Mahoma en el Corán, como norma religiosa para los musulmanes quienes aún hoy, en algunos países estrictamente cumplidores de la palabra divina, siguen manteniéndola, pero son excepciones.

Es obvio que ningún código penal moderno acepta esta temeraria ley. Sin embargo, debemos ser coherentes y “justos” al momento de impartir justicia. En este país existen privilegios que más parecen premiar al delincuente que a la gente de bien. Por ejemplo, los empresarios protagonistas del “carrusel de la contratación” están a puertas de conseguir firmar un principio de oportunidad con la Fiscalía, por cuatro delitos cuyo juicio sigue pendiente, lo que les permitiría la suspensión del proceso y conseguir grandes beneficios a la hora de conocer su nueva condena; la cual, según los expertos va a quedar aproximadamente en 3 años. Mientras esto ocurre el INPEC los saca de la prisión y los lleva en avión a celebrar fiestas  familiares por cuenta del erario público. Qué pesar de mi país, esto no tiene presentación.

El macabro invento de los marcos de justicia y paz y la famosa rebaja de penas, creados de antemano con políticas de perdón anticipado y unas penas muy blandas (hasta simbólicas), fueron concebidas para desmovilizar grupos al margen de la ley, tales como paramilitares, guerrilleros y bandas criminales, entre otros; pero es obvio, que esta serie de beneficios jurídicos y penales, han mandado un mensaje muy claro a toda la comunidad delincuencial, pues con esas penas, casi que se les invita a vivir de la estafa, el soborno, el sicariato, la extorsión, el robo, el secuestro, el atraco, el peculado y cualquier otra forma de delinquir, pues es más fácil, rápido y rentable que trabajar honestamente.

No se trata de imponer nuevamente la ley del talión, pero tampoco podemos caer en la desvergonzosa posición de las rebajas de pena ante cualquier delito y a cualquier precio. De seguir así, podemos concluir que en Colombia es más grave robarse una gallina que realizar una masacre o tumbarse el patrimonio ciudadano. Y lo peor está aún por venir, pues si se firma el proceso de paz, con el cual estoy absolutamente de acuerdo, no quiero ni imaginarme lo que el gobierno estará dispuesto a ceder en ese propósito.

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